La gran lección y aventura que es la Vida – una bonita historia para tu alma

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La gran lección y aventura que es la Vida – una bonita historia para tu alma

 

  • Hubo una vez un ser luminoso y de destellantes emociones que creía ser feliz porque creía amar. Pensaba que era estar contento, y no andaba muy desencaminado, pero aquel ángel no entendía que hay miles de formas en que el Amor se puede manifestar y, sabiendo que aún tenía mucho que aprender, fue a hablar con Dios.
  • —Llevo toda la eternidad dándole vueltas, Padre, y aún no he entendido todos los aspectos del Amor. Sé que tú puedes hacérmelo comprender. Yo he decidido ser un ángel grande, pero sé que sin el Amor no podré serlo nunca, y si no entiendo ese sentimiento en toda su plenitud no podré alcanzar mi deseo.
  • —Hay un lugar donde las energías se adaptan cuerpos olvidando lo que hay en su verdadera memoria —dijo el Padre Celestial—. Un lugar llamado Tierra. Allí irás y recibirás signos del trabajo que me pides. No recordarás nada de lo que has sabido hasta ahora, pero tranquilo, cuando abandones aquel cuerpo volverás a tu lugar de origen con esa nueva percepción de las cosas, y te encantará haber ascendido tanto.   
  • —¡Es maravilloso, Padre! —exclamó el ángel—. Si lo único que tengo que hacer es ir, aprender y volver, será un viaje de placer sin igual. ¡Gracias!
  • —No tan rápido, ángel luminoso. Te he dicho que perderás temporalmente la concepción de la realidad que ahora tienes. Allí creerás que tus circunstancias son las reales. No recordarás ni a tus verdaderos padres ni a tus verdaderos hermanos ni tu verdadera casa ni quién eres, ni a mí ni a tu eterno amor, pero él aparecerá allí.
  • —¿Va a venir? —El ángel se entusiasmó en medio del desconcierto de todas las demás cosas de las que se le estaba informando.
  • —Sí, lo tendrás siempre junto a ti, en tu memoria. Y tanto será así que llegará el día en que lo manifestarás físicamente, pues en ese lugar en donde hay un concepto llamado tiempo, hay también un concepto llamado físico. Vas a un sitio supuestamente físico.
  • —¿Supuestamente? Ya estoy en un sitio físico.

La gran lección y aventura que es la Vida

  • —Lo sé, ángel. Físico es un concepto. Todo punto de conciencia cree estar en un ámbito físico, pero en realidad es una proyección mental, porque todo es mental. Tú percibes según estás. Ves manifestada tu realidad en todo lo que te rodea. Así pues, si estás triste…
  • —¿Triste?
  • —Sí, es otro concepto que aprenderás en tu estancia allí. Lo que alimenta la tristeza es el miedo. Evítalo y serás feliz.
  • —Ah, bueno, si es por aprender cosas nuevas…
  • Dios prosiguió:
  • —Si estás triste, lo que veas a tu alrededor irá acorde con tu estado interior. Tu “físico” no lo sabrá, pero tú, energía creada pura, recuerda: lo que te rodea estará dándote la pista del sitio mental en el que te encuentras, lo que te haga daño te estará indicando lo que te queda por amarte, lo que te haga sentir bien te estará diciendo lo que te amas. Y amarse (aceptarse y no culparse por nada) es, en definitiva, la lección más importante que hay que aprender en el mundo al que vas, un mundo lleno de reglas y prohibiciones. Cuando te amas a ti mismo al cien por cien tienes todo lo que deseas cuando quieres. Por ello la gente que está en esa dimensión, colegio por excelencia de las almas, la Tierra, si se aman a ellos mismos, tienen un concepto llamado suerte, los que menos se valoran consideran tener mala suerte, y todo es por lo que sienten hacia sí. Al ver fuera de ti lo que llevas dentro, cuanto más te amas, más te aman los demás, y el amor abarca la apreciación, la simpatía, el cariño, la contemplación, la valoración, el amar en sí y la gratitud, entre otra gran gama de sensaciones y emociones, todas positivas y que te hacen sentir bien. Así que cada vez que alguien sienta por ti estas cosas sabrás que están en tu camino por manifestación del amor que sientes hacia ti. Todo son pistas en la Tierra. Y tú harás el mismo papel para otros.
  • Dios miró al ángel y, sonriéndole apaciblemente, concluyó:
  • —Además, volverás pronto, pues tendrás una peculiar circunstancia que te hará terminar antes esa estancia. Los animales viven menos años que las personas, así que eso te permitirá estar poco tiempo allí.
  • —Creo recordar que otros ángeles fueron al sitio del que me hablas. Ellos pidieron las circunstancias que querían vivir allí, ¿no? O sea, ellos eligieron su vida.
  • —Dios asintió.
  • El ángel, confuso, prosiguió—. Ya sé que lo sabes todo, pero, si voy a elegir yo mi camino, que aún ni siquiera sé, ¿cómo puedes saberlo Tú?
  • —Todas las posibilidades están ya plasmadas en la Gran Mente. Te conozco y sé a qué opciones puedes acceder según tu forma de sentir y concebir las cosas. Así que ya sé qué harás y qué te pasará en tu vida mortal, pues lo que te suceda será parte del plan establecido para ejecutar el trabajo que me pides.
  • El ángel escuchaba atentamente sin sospechar que, no como una idea preconcebida, que es lo que en esos momentos percibía, sino como una realidad sentida, la memoria de su cuerpo físico tapó la de su eterna energía una vez que se encarnó. El plan estaba hecho. Todo estaba premeditado. Ahora venía lo más difícil: no recordar nada de la verdad y creer que estás solo ante las circunstancias del “destino”. Ahora, acertar o fallar era cosa de su entender emocional.

 David Sánchez Florio,

De su libro ¨Diferente¨

 

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