Frases sobre el alma – Aristóteles, pensamientos extraídos de su libro Acerca del alma

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Frases sobre el alma – Aristóteles, pensamientos extraídos de su libro Acerca del alma


  • Puesto que estamos estudiando el alma se hace necesario que —al tiempo que recorremos las dificultades cuya solución habrá de encontrarse a medida que avan­cemos— recojamos las opiniones de cuantos predece­sores afirmaron algo acerca de ella: de este modo nos será posible retener lo que dijeron acertadamente así como tomar precauciones respecto de aquello que pue­dan haber dicho sin acierto.
  • El comienzo de la investi­gación, por otra parte, consiste en proponer aquellas propiedades que de manera especialísima parecen corresponder al alma por naturaleza. Ahora bien, lo ani­mado parece distinguirse de lo inanimado principal­mente por dos rasgos, el movimiento y la sensación y ambas caracterizaciones acerca del alma son aproxi­madamente las que hemos recibido de nuestros prede­cesores: algunos afirmaron, en efecto, que el alma es primordialmente y de manera especialísima el elemen­to motor.
  • Y como, por otra parte, pensaban que lo que no se mueve no puede mover a otro, supusieron que el alma se encuentra entre los seres que se mue­ven. De ahí que Demócrito afirme que el alma es un cierto tipo de fuego o elemento caliente; siendo infini­tos en número las figuras y los átomos, concluye que los de figura esférica son fuego y alma y los compara con las motas que hay en suspensión en el aire y que se dejan ver en los rayos de luz a través de las rendi­jas; afirma que el conjunto originario formado por todos los átomos constituye los elementos de la Naturaleza en su totalidad (Leucipo piensa de manera semejante); de ellos, a su vez, los que tienen forma es­férica son alma ya que tales figuras son especialmente capaces de pasar a través de todo y de mover el resto estando ellas mismas en movimiento: y es que parten del supuesto de que el alma es aquello que procura el movimiento a los animales.
  • De donde resulta también que la frontera del vivir se encuentra en la respira­ción; en efecto, cuando el medio ambiente contrae a los cuerpos empujando hacia el exterior aquellas figu­ras que —por no estar jamás en reposo— procuran a los animales el movimiento, la ayuda viene de fuera al penetrar otras semejantes en el momento de la respira­ción.

Frases sobre el alma – Aristóteles

  • Y es que estas últimas, contribuyendo a repeler la fuerza contractora y condensadora, impiden que se dispersen las figuras ya presentes en el interior de los animales; éstos, a su vez, viven hasta tanto son capa­ces de realizar tal operación.
  • Parece, por lo demás, que la doctrina procedente de los pitagóricos implica el mismo razonamiento: efecti­vamente, algunos de ellos han afirmado que el alma se identifica con las motas en suspensión en el aire, si bien otros han afirmado que es aquello que mueve a éstas. De éstas lo afirmaron porque se presentan continuamente en movimiento aunque la ausencia de aire sea total.
  • A la misma postura vienen a parar también cuantos afirman que el alma es lo que se mueve a sí mismo: es que todos ellos, a lo que parece, parten del supuesto de que el movimiento es lo más peculiar del alma y que si bien todas las demás cosas se mue­ven en virtud del alma, ella se mueve por sí misma; conclusión ésta a la que llegan al no haber observado nada que mueva sin que esté a su vez en movimiento.
  • También Anaxágoras, de manera similar, afirma que el alma es la que mueve —e igualmente quienquiera que haya afirmado que el intelecto puso en movimien­to al universo— por más que su afirmación no es exactamente igual que la de Demócrito.
  • Pues éste iden­tificaba sin más alma e intelecto: la verdad es la apa­riencia; de ahí que, a su juicio, Homero se expresó con justeza al decir que Héctor yacía con la mente sin sentido. No recurre al intelecto como potencia relativa a la verdad, sino que, por el contrario, sinonimiza alma e intelecto.
  • Anaxágoras, por su parte, se expresa con  menos claridad:  a menudo dice que el intelecto es la causa de la armonía y el orden, mientras que en otras ocasiones dice de él que es el alma, por ejemplo, cuan­do afirma que se halla presente en todos los anima­les, grandes y pequeños, nobles y vulgares. No parece, sin embargo, que el intelecto entendido como pruden­cia se dé por igual en todos los animales, ni siquiera en todos los hombres.

Aristóteles – Acerca del alma

 

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