Estar enamorado no es amar. Sobre sentimientos y pasiones

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Estar enamorado no es amar. Porque amar es un sentimiento y estar enamorado es una pasión.

Las pasiones, por definición son emociones desenfrenadas, fuertes, absorbentes, intensas y fugaces como el destello de un flash. Hay que entender esto para poder diferenciar después el enamoramiento del amor.

¿Por qué tendría que demostrar que te quiero? ¿Para probártelo? ¿Quién es el que duda y necesita pruebas?

Si sos vos el que no crees este es un problema tuyo, no un problema mío. ¿Por qué habría yo de demostrarte que te quiero?

Nadie “tiene que” demostrar nada.

Borremos de la frase el verbo demostrar, porque suena terrible.

 

Estar enamorado no es amar. Porque amar es un sentimiento y estar enamorado es una pasión.

Las pasiones, por definición son emociones desenfrenadas, fuertes, absorbentes, intensas y fugaces como el destello de un flash. Hay que entender esto para poder diferenciar después el enamoramiento del amor.

Durante el tiempo que dura el enamoramiento, uno vive en función del otro: si llamó, si no llamó, si no está, si me miró, si no me miró, si me quiere, si no me quiere… Estar enamorado es enredarse en un doloroso placer, el de la disolución en el otro.

Si nos detuviéramos a pensarlo en serio nos daríamos cuenta de lo amenazante para nuestra integridad que sería vivir en ese estado.

Juan Carlos Benítez, un escritor costarricense, describe la felicidad de estar enamorado en un texto que creo maravilloso:

Cuando estaba enamorado, había mariposas por todas partes, la voluptuosidad de la pasión me carcomía la cabeza. Durante todo ese tiempo no escribí, no trabajé, no me encontré con los amigos. Vivía pendiente de los movimientos o de la quietud de mi amada; consumía montañas de cigarrillos y toneladas de vitaminas, me afeitaba dos y hasta tres veces por día; hacia dietas, caminatas. Me perseguía hasta la certeza la paranoia del engaño, pensaba todo el tiempo en besarla, en mirarla, en acariciarla. Durante semanas gasté demasiado dinero, demasiada esperanza, demasiada crema para el sol, demasiada esperma y demasiado perfume. Escuchaba demasiada música clásica, utilizaba demasiado tiempo, consumí toda mi tolerancia y agoté hasta la última de mis lágrimas. Por eso siempre digo recordando esos momentos: Nunca he sufrido tanto como cuando era feliz.

El estado ideal de una pareja no es el de aquellos primeros meses en que estaban enamorados, sino el de todo el tiempo en que se aman en el sentido cotidiano, verdadero.

Hay que entender que si bien la pasión de estar enamorado es maravillosa, en  realidad amar no es menos maravilloso. Amar es fantástico porque si bien es verdad que no tiene la intensidad de las pasiones, seguro que no, tiene una profundidad de la que el estar enamorado adolece.

Es por esa profundidad que el amor es capaz de aportar estabilidad al vínculo pagando con la desaparición del embrujo y la fascinación. Porque se puede amar con los pies sobre la tierra, mientras que estando enamorado se vive en las nubes.

Uno de los temas que surgen cuando hablo de amar de verdad es la demostración.

Siempre digo que demostrar quiere decir probar sin lugar a dudas que algo es verdad. Si yo tengo que demostrarte es porque parto de la idea que vos no me crees, de lo contrario no hay demostración necesaria.

Entonces, pregunto: ¿Por qué tendría que demostrar que te quiero? ¿Para probártelo?

¿Quién es el que duda y necesita pruebas?

Si sos vos el que no crees este es un problema tuyo, no un problema mío. ¿Por qué habría yo de demostrarte que te quiero?

Nadie “tiene que” demostrar nada.

Borremos de la frase el verbo demostrar, porque suena terrible.

Estar enamorado no es amar

Artista Brita Seifert

 

Nadie te puede demostrar el amor, porque en la demostración le crees a lo que ves, al otro no le crees nada. Otro tanto pasa con la palabra mostrar, que presupone que no ves.

Si de vez en cuando me decís te quiero para mostrarme que me queres, la verdad es que no me sirve, así que no lo hagas. Ahora, si vos me decís te quiero porque es lo que sentís, mas allá de demostrarme nada, por favor no dejes de hacerlo, porque quiero que sepas que me place escucharte. Y a pesar de mi placer nunca lo hagas en función de mí, hazlo en función tuya y de tu sentir o no lo hagas.

No sirven los actos de amor dirigidos a que el otro se entere de que lo quiero. “Mira que lindo lo que te regalé para tu cumpleaños, ¿viste cuánto te quiero?…”

Esta es una historia mezquina e irrazonable para conseguir que el otro devuelva con la misma moneda.

Hay gente que te manda flores todos los días y no te quiere nada. Y también hay gente que vive con otros que nunca han mostrado nada en toda su vida, y sin embargo se siente querida, gente que sabe que aunque el otro no haga las cosas que otros hacen, cuando lo mira a los ojos sabe.

Yo tengo un amigo entrañable que es un tipo de llamar por teléfono, de ocuparse y mostrar y actuar.

Me siento muy querido.

Y yo, que por ahí no soy tan actuador de esas cosas o estoy más ocupado, a veces me siento y le pregunto:

– ¿Vos sabes que yo te quiero mucho?

Y entonces él me dice:

– Sí, claro que lo sé… Vos sos así, yo ya lo sé.

Y no ésta precisando que yo le diga, que yo lo llame, que me acuerde de su cumpleaños y que le mande un regalo, porque la verdad es que no le hace falta a nuestro amor.

Cuando hago alguna de estas cosas, entonces él registra y lo agradece.

Lo importante de toda relación interpersonal no es que yo te diga que te quiero, ni que te lo demuestre. Lo importante es  si vos te sentís querido o no.

Extraído de “El camino del encuentro”

de Jorge Bucay

 

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[…] un cierto equilibrio: el proyecto, la amistad y el sexo. Los ingredientes anteriores actúan cuando la química del enamoramiento nos deja espacio para pensar con algo más de claridad. No olvidemos que cuando nos enamoramos, […]

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