El amor maduro está hecho de voluntad e inteligencia – Enrique Rojas, tu médico del alma

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El amor maduro está hecho de voluntad e inteligencia – Enrique Rojas, tu médico del alma

 

  • Hoy muchos enlaces conyugales están elaborados con materiales o bases poco consistentes. Con esos presupuestos no se puede llegar muy lejos. Como he dicho antes, el amor nace de los sentimientos y a la vez que madura se dirige hacia el mundo intelectual guiado por la voluntad. A muchos les cuesta entender esto, porque la marea social se mueve en otra dirección. Pero es así. La vida afectiva se desliza como un teorema que sigue este recorrido sentimental.
  • No digo que al principio esto sea así; me refiero a etapas más avanzadas del amor. En sus comienzos todo es como una eclosión de expresiones afectivas algo desligadas de lo puramente racional. Para vivir un amor en profundidad y con la pretensión de que sea duradero, éste debe estar regido por la voluntad y la inteligencia.
  • Inteligencia es capacidad de síntesis; saber distinguir lo importante de lo anecdótico; aprender a ensayar soluciones nuevas y situaciones difíciles, inesperadas o conflictivas. Codificar de forma correcta la información que se recibe, para ofrecer una respuesta coherente y positiva, que lleva a dar la mejor conducta posible. Esto, traducido al lenguaje de la psicología conyugal, podemos expresarlo del siguiente modo: tener el don de la oportunidad, aprender a callar siempre que sea necesario, saber aplazar un tema difícil para un momento adecuado, no sacar la lista de agravios del pasado a raíz de una situación tensa, evitar discusiones innecesarias, saber entender a la otra persona, tener detalles pequeños positivos hacia ella, compartir cosas juntos, aprender a desdramatizar pequeños problemas que surgen en la convivencia diaria, saber pedir perdón sin esperar a prolongados silencios que nunca tienen buen final, etc. Son muchos puntos los que hay que cuidar, pero todos con un mismo origen o fin a la vez: la compenetración de dos personalidades en sus distintos aspectos: físico, psicológico, social, cultural y espiritual.
  • Este amor está en crisis porque los resortes y los puntos de apoyo del hombre moderno se han vuelto más frágiles. Pensemos en lo que yo he denominado el hombre light: un ser sin valores movido sólo por el materialismo. Cuando la existencia transita a ritmo vertiginoso, pero sin saber a dónde se dirige, marcada por la superficialidad y la bandera de la frivolidad, antes o después deja al descubierto unos vacíos que harán que todo se desplome por falta de consistencia. En muchas de estas vidas no hay más que superficialidad y apariencia de cara a la galería.
  • No hay auténtico progreso humano si éste no se desarrolla con un fondo moral. Sin él, el hombre queda suspendido en un estado de nihilismo agazapado que le atraviesa y que lo conduce a la dejadez, la apatía, el descompromiso de todo lo que exija una cierta renuncia, etc. Un hombre sin ideales tira por la borda su proyecto personal.
  • El amor maduro está hecho de voluntad e inteligencia
  • El amor necesita, también, de la voluntad. Se tratará, por lo general, de hacer ejercicios pequeños y repetidos de rectificación, adelanto y progreso en la comunicación de la pareja. No suelen ser cosas extraordinarias, ni «el más difícil todavía», sino cuestiones de escaso valor, pero que si no se lucha por ellas, la comunicación se entorpece y todo se viene abajo. Lo que al principio pueden ser desavenencias insignificantes, al repetirse, al caer en ellas una y otra vez, inciden en la vida matrimonial y su funcionamiento; y a la larga aquello puede entrar en una situación seriamente conflictiva.
  • Voluntad en la vida conyugal significa luchar por las cosas pequeñas, concretas, bien delimitadas, que ponen en peligro cuando surgen la estabilidad de la pareja. Pensemos en las discusiones, que suelen originarse por naderías, pero que ponen en marcha mecanismos agresivos, descontrol verbal y la aparición de la lista de agravios, que puede arrasarlo todo con su fuerza. Tener una voluntad bien dispuesta es algo que se consigue después de un cierto tiempo de entrenamiento: supone semanas, meses, e incluso años de lucha pertinaz contra uno mismo. Uno se vence y uno cae, pero se tienen bien claros los medios y los fines, la metodología y la meta.
  • El que lucha y pone la voluntad en esta lid, está siempre alegre, aunque pierda batallas. El tiempo lo hará recio, fuerte, sin desánimo. Al que tiene educada su voluntad le resultará más fácil soportar bien los conflictos, los riesgos y los tropiezos de la convivencia. Conoce sus complicaciones y no se desalienta cuando arrecian los escollos, supera los obstáculos y le da la vuelta a los contratiempos, cuando ponen en peligro su estabilidad. La repetición de actos de esfuerzo y aprendizaje prepara para la lucha deportiva.
  • Estos dos pilares de apoyo, la inteligencia y la voluntad, no tienen buena prensa hoy, pero son definitivos para conseguir un amor maduro. La inmadurez afectiva subraya que el amor es como un viento, que va y viene, sin límites ni control. Eso es falso, pues si así fuera, quedaría hipotecada a los vientos exteriores nada más y nada menos que una de las parcelas más importantes de la vida, la sentimental. Para que el amor se haga maduro, hay que ganárselo en una pelea positiva y estimulante, aspirando a una posición estable, armónica y proporcionada.

 

 

Dr. Enrique Rojas, fragmento extraído de su libro
La conquista de la voluntad. Cómo conseguir lo que te has propuesto

 

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